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El Carrete Mágico

Esta es la historia de un pequeño príncipe, muy intranquilo, juguetón con todos, pero muy indisciplinado. Nunca le gustaba seguir las reglas y cada vez que sus padres le sermoneaban el gritaba:

  • ¡Como desearía ser grande para poder hacer todo lo que me plazca! se lamentaba mientras corría a su habitación.

Un día, después de haber sido reprendido por sus padres el joven príncipe se encerró en su habitación indignado. Sin embargo, se percató de que, al lado de su ventana, se encontraba un aparato extraño. Había un carrete cargado de hilos dorados.

Y de repente, del carrete se oyó una voz gruesa que decía:

  • Querido príncipe, le informo que he escuchado sus deseos de crecer y estoy dispuesto a hacerlos realidad. Como verá, poseo un hilo dorado, a medida que tire de él, podrá avanzar en el tiempo. Pero cuidado, majestad, una vez que tire del hilo no podrá devolverlo y el tiempo que crezca no podrá volver jamás. Explicó aquel misterioso objeto.

Con gran curiosidad, el príncipe tomó fuertemente del hilo dorado y tiró de él convirtiéndose en un apuesto joven, de hombros gruesos y gran cabellera. Enamorado de aquel milagro. Volvió a tirar del hilo y se vio a sí mismo con la corona de su padre.

  • Carrete mágico, mírame, soy el rey, ¡soy rey! dijo sin poder creérselo todavía.

Ambicioso e impaciente, el príncipe pidió ver cómo sería su reina y sus hijos y sin poder dejar que el carrete respondiera tiro ligeramente del hilo. A su lado apareció una hermosa mujer, de larga cabellera y preciosos ojos, con dos pequeños niños igual de hermosos.

Consumido por su curiosidad el príncipe deseó ver cómo sería su hijo de adulto y tiró de nuevo del carrete y así con su siguiente hijo, una y otra vez hasta que se dio cuenta al ver sus manos, que eran las de un anciano, totalmente acabado y gris.

El príncipe, aterrado, intentó devolver el hilo al carrete, pero, tal como se lo había advertido el carrete, no ocurrió nada.

  • ¿Qué has hecho? Le he advertido que debía utilizar este regalo con precaución, ya no hay nada que pueda hacer, has desperdiciado los gratos momentos de tu vida en un instante y ellos ya no volverán, explicó el carrete.

Y así fue como el príncipe terminó como un anciano sentado en la cama de su habitación, lamentando no haber vivido como es debido, hasta morir de tristeza.

Enlace del cuento: https://www.youtube.com/watch?v=sFRAutfhTxg