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El gigante egoísta

Había una vez un castillo en medio de una ciudad que permanecía vacío desde hacía muchos años. Se decía que en ese castillo había vivido un gigante durante todo ese tiempo, pero nadie lo había visto.

En cierta ocasión un hombre hablo y dijo:

  • “¿Han oído hablar del gigante del castillo?”.
  • Me imagino que son rumores, no deberíamos creer, ¿alguien ha visto el gigante por aquí?, preguntaba otro vecino.
  • “Deberíamos disfrutar de la belleza de este lugar y no prestar atención a esos rumores” la gente afirmaba.

Había un precioso jardín que rodeaba el castillo que estaba lleno de flores, arboles, frutas, pájaros y mariposas, todos los días los niños jugaban en el jardín, era el sitio que mas les gustaba; el mas seguro para ellos, correr tras las mariposas era uno de los juegos favoritos de ellos.

El jardín era tan bonito como el cielo, pero de repente un día apareció el gigante, se puso muy contento a ver el precioso jardín tan bien cuidado.

  • “Ohhh mi precioso jardín, parece bendito por la madre naturaleza, estoy alegre de haber vuelto”.

El gigante había regresado al castillo por la noche, aún no había observado a nadie jugando en su jardín y le gusto esa paz, sin embargo, al día siguiente por la tarde, oyó ruidos que venían del exterior y se molestó. ¡Eran los niños!, habían venido a jugar.

Al gigante le gustaba vivir solo, no le gustaba tener a nadie a su alrededor y decidió salir al jardín. Cuando apareció, los niños salieron asustados, gritaron y corrieron por todas partes intentando escapar, pero el gigante enfadado grito:

  • “Fuera pequeños mostritos, estropeáis mi precioso jardín, no volváis a entrar en mi propiedad, este es mi jardín, no es vuestro”.

El gigante entro en su castillo y disfruto la paz que lo rodeaba y se echo a dormir. Los niños pensaron que el gigante se había ido y no pudieron resistirse a entrar nuevamente en el jardín.

El gigante se volvió a despertar y volvió a ver los niños jugando en su jardín, se enfureció y grito. Los niños asustados huyeron. El gigante vigilaba el jardín desde entonces, ni dormía de noche. Entonces de madrugada vio unas ramas con flores desprenderse y no entendía por qué.

A la mañana siguiente vio niños otra vez en su jardín y corrió hacia afuera muy enfadado y decidió levantar un muro alrededor del castillo. Ahora estaba solo en su castillo, nadie podría entrar en el jardín.

Los niños comentaban entre ellos:

  • “El gigante es muy egoísta ¿Por qué querrá el jardín solo para el?”
  • “Debe ser una persona muy triste, le pediremos que juegue con nosotros”

El gigante dormía mucho, cuando se levantaba, contemplaba mucho su jardín, sin embargo, observaba como caían las ramas con flores de los arboles y creyó que no duraría mucho.

  • “Cuando llegue la primavera mi jardín volverá a florecer”. Dijo el gigante.

Se sentó en la ventana todo el invierno y veía como su jardín se secaba día a día.

  • “Esperare a la primavera y mi jardín florecerá”. Volvió a decir el gigante.

La primavera llego y pasó, pero el jardín seguía seco, ya no quedaban ni mariposas, el gigante triste pensó día y noche del porque la naturaleza estaría enfadada con él, hasta que se cansó de su soledad.

Una mañana unos niños no resistieron y saltaron el muro logrando entrar al jardín, estuvieron jugando un rato, hasta que el gigante los vio, se enfadó y corrió hacia ellos gritando. Todos los niños corrieron menos un niño pequeño que nervioso le decía al gigante:

  • “Por favor no me mate”.
  • “Yo no mato gente y tampoco te mataría a ti, soy una buena persona”.

El gigante lleno de compasión converso con el niño, ya que el pequeño quería subir al árbol y no podía, entonces lo ayudo a subir y lo puso en una rama y le dijo:

  • “Ahora si quieres podéis llamar a tus amigos para que jueguen aquí”.

Al ver la linda sonrisa en la cara del niño, el gigante se alegró. El niño llamo a sus amigos para jugar y el gigante regreso al castillo. Mientras caminaba vio una pequeña planta con flores y se sorprendió al verla, se quedó y observo a los niños jugar.

A partir de ese momento mientras jugaban los pequeños, el jardín comenzó a florecer. Fue así que el gigante comprendió de donde recibía la verdadera belleza el jardín de su castillo.

Lección: el egoísmo nos hace ser personas despreciables, pero la amabilidad nos lleva a hacer sonreír a muchos.

Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=oknulzwSWpY&t=1s