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Tío tigre, tío conejo y tío morrocoy

En un día muy soleado, tío conejo escucho un silbido entre la selva. De un salto, corrió a esconderse bajo un helecho silvestre y allí muy silencioso, movió repetidamente las orejas.

– “¿Quién podría silbar así, entre la floresta?” dijo tío conejo.

Las notas del silbido se apagaron y se oyó enseguida, el canto de una voz ronca y gangosa; era el mismo silbador que ahora cantaba.

Tío conejo permaneció inmóvil, levantaba las orejas, tenia muy abierto los ojos; su corazón estaba muy acelerado. Finalmente, a muy cortos pasos de él, allí ante su asombro, paso tío tigre, traía una cara muy risueña y una gran mochila vacía bajo el brazo. Paso cerca del escondite de tío conejo, siguiendo su camino.

Tío conejo lleno de curiosidad, corrió a asomarse al borde del barranco.

– “¿Por qué estará tan contento tío tigre?” – se dijo – “¡Uhm!, ¡Algo muy malo debe estar pensando!… ¡Voy a seguirlo para ver que estará tramando ese!”.

Y el vivaracho roedor se fue pendiente abajo, haciendo brincar la blanca mota de su cola, al correr veloz por el camino.

Tío rabipelado subía cuesta arriba, pero se encontró con tío mapurite, como este levantó la cola amenazante, ante el horror de aquel peligro el rabipelado se lleno de espanto y saludo lisonjero:

  • “¡Señor don mapuriflor, flor de las flores, olor de los olores!”. – “¿Como está usted bella persona?”.

El mapurite sonrió, complacido saludó y agregó:

– “Pase usted don Ramon pila, que le vaya muy bien”. Y se fue.

– “Chi – dijo el rabipelado” y siguió su camino.

Al ratico ante tío rabipelado, pasó de pronto tío tigre.

– “¡Señor don tigrón!”. Lo saludó haciendo una profunda reverencia. “¡Sabio como él solo y mil veces más valiente que tío león!”.

– “¡Ja, Ja, ¡Ja!” – rio tío tigre. – “Este Ramon siempre con sus cosas… ¡Ah, Ramon pila, me vas a hacer un servicio!”.

– “¡Como no! tío tigre, lo que usted mande”. Dijo el rabìpelado.

– “Detrás de la casa, hay unas verduras para un sancocho; pélelas, que yo subo en un ratico con la carne”.

– “Chi” – dijo el rabipelado. Y se apresuró.

En camino a casa de tío tigre, tío rabipelado tropezó con tío conejo, que venía bajando. Ambos dieron un salto, asustados.

– “¡Epa!… pero si eres tío Ramon pila” – grito riendo tío conejo.

Y tío rabipelado quiso alardear ante él, pero siguió su camino y desapareció cerro arriba. Para recuperar el tiempo, tío conejo echo a correr para alcanzar a tío tigre, vio que la fiera se acercó a un arroyuelo deteniéndose ante un morrocoy que volteado movía las patas en su desesperado esfuerzo por enderezarse.

La fiera metió al morrocoy en el saco y se lo echo al hombro. Siguiendo su camino de regreso, le habló burlonamente a tío morrocoy.

– “¡Hasta hoy duraste, tío morrocoy!, allá te espera en la casa una buena olla de sancocho ¡ya verás!”.

Tío conejo indignado pensó: – “¡no permitiré que ese bandido haga eso!”.

Echó a correr muy veloz para llegar antes que tío tigre. Sin embargo, cuando estaba cerca de la casa de tío tigre oyó un llanto desconsolador, parecía la voz de tío rabipelado.

– “¿Quién está allí?”.

Tío conejo buscó y encontró una trampa en donde estaba rabipelado, rápidamente lo saco y lo libro.

En eso tío tigre llego a la casa y puso el saco en el suelo, empezó a buscar al rabipelado.

Mientras tanto tío conejo tuvo una idea e hizo que tío rabipelado distrajera a tío tigre para poder sacar a tío morrocoy. Enseguida tío conejo subió a una mata y bajo un avispero y la coloco dentro del saco, luego de liberar al morrocoy.

Al instante, tío conejo, tío morrocoy y tío rabipelado se escondieron en el borde de la selva mirando hacia la casa donde estaba el tigre.

Tío tigre gruñendo por la burla que le había hecho el rabipelado, cogió el saco y lo metió a la casa golpeándolo salvajemente. Se acerco al fogón y lo vacío en la olla hirviendo con las verduras. De inmediato las avispas embravecidas comenzaron a clavarles sus aguijones.

Dando gritos de dolor corrió afuera revolcándose en el patio y huyo bosque adentro despavorido.

A todas estas tías conejo, tío morrocoy y Ramon pila se reventaban de la risa celebrando en la orilla de la selva. Fin.