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El bucardo, la cabra pirenaica

La península ibérica también ha sido testigo de la extinción de varias especies, en el artículo de hoy conoceremos la historia del Bucardo o cabra montés de los Pirineos, cuyo último ejemplar murió el 5 de enero del año 2000, en el Parque Nacional de Ordesa (provincia de Huesca).

La cabra pirenaica habitaba originalmente en las 2 vertientes del pirineo, siendo muy numerosa en los bosques y barrancos de las zonas montañosas de País Vasco, Navarra, Gerona, Lérida y Huesca, donde vivía en pequeñas manadas alimentándose de arbustos y matas.

La caza intensiva del bucardo fue la causa de su extinción, la rareza de este animal, y especialmente la belleza de su cornamenta (la más larga de todas las especies de cabra que habitaron la península) provocó que se convirtiera en una pieza muy codiciada por cazadores Europeos de números países (incluyendo Francia y Reino Unido).

A principios del siglo XX se calcula que solo quedaban en las montañas unos 50 ejemplares de Bucardo, un número claramente insuficiente para asegurar la existencia de la especie, pese a ello, en el año 1913 el gobierno prohíbe su caza en toda la cordillera Pirenaica y 5 años más tarde en 1918 se declara Parque Nacional el valle de Ordesa, convirtiéndose en el último refugio de la cabra montés.

Desafortunadamente, la caza prosiguió y en consecuencia el declive de dicha especie, en la década de los 90 su población se estimaba en unos 10 ejemplares. Hubo intentos de reproducción con otros tipos de cabras que no funcionaron, y tristemente el bucardo se convirtió en un animal extinto cuando la última hembra (Celia) murió aplastada por un árbol.

En el año 2003 se lleva a cabo un último y desesperado intento. A partir de células extraídas de la oreja de uno de los últimos ejemplares, se intentó mediante clonación resucitar a la cabra montés. Durante unos minutos el milagro se obró y el hombre fue capaz de devolver a la vida al bucardo, sin embargo, el ejemplar clonado murió poco después debido a un problema en los pulmones.

Para los amantes de los animales extintos y de la naturaleza en general, en el museo Bucardo Torla (España), en el museo de Toulouse (Francia) o en el museo de historia natural de Viena se puede ver bucardos disecados, así como sus magnificas cornamentas.