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El karate-gi, la vestimenta tradicional del karate

Podría pensarse que los practicantes de karate siempre usaron el típico traje de algodón blanco cruzado tipo kimono.

Pero la verdad es que, en sus comienzos y dada las elevadas temperaturas del verano okinawense, las prendas usadas en la por los primeros karatecas se limitaban a un cómodo pantalón corto, llevando el pecho desnudo para poder enfrentar los rigores del entrenamiento.

¿De dónde viene el clásico atuendo entonces?

Según el relato más aceptado, el 17 de mayo de 1921 el maestro Gichin Funakoshi, (padre del karate-do moderno), fue invitado por sensei Jigoro Kano (creador del Judo) a su dojo central en Tokio, el Kudokan, para presentar y demostrar su “karate-jutsu”. La exhibición se realizaría ante dignatarios, políticos y personajes destacados de la sociedad nipona, atraídos por el llamamiento y la recomendación expresa de sensei Kano, en ese entonces una figura muy respetada en todos los niveles.

La expectación era grande. Antes del comienzo de la demostración un ansioso maestro Kano va al encuentro de Funakoshi para ver cómo iban los preparativos. Para su sorpresa lo encuentra a vestido a la usanza okinawense, es decir, pantalones cortos y camiseta.

Cuentan que se desató este diálogo:

Sensei Funakoshi, vengo para conducirlo a la sala de exhibición -dijo respetuosamente el maestro Kano-. Aunque debo sugerirle que use otro traje para dar su demostración.

-¿Otro traje? ¿Qué es lo que sucede con él? -replicó confuso el maestro Funakoshi.

-Así es, Sensei -contestó el maestro Kano-. Es que en Japón somos muy cuidadosos con la formalidad y su traje no sería bien vista por los invitados.

-Pero, no entiendo porqué -agregó el maestro Funakoshi-. En Okinawa acostumbramos a vestirnos de esta manera cuando entrenamos, es muy normal.

-Lo entiendo muy bien, sensei Funakoshi -se apresuró a decir el maestro Kano-. Pero, los japoneses somos diferentes. Le sugiero que use un judo-gi, ya que es un traje tradicional y me parece que se adaptará perfectamente a sus movimientos. Permítame traerle uno.

Sensei Kano le entregó el judo-gi más un cinturón negro para que todos entendiesen la jerarquía que ocupaba dentro de su arte marcial.  Sensei Funakoshi contempló admirado la calidad de la prenda y se la puso. Se miró encantado y le agradeció la sugerencia a su amigo.

La exhibición fue de un éxito tan rotundo que el mismo día le fue extendida una invitación para residir y enseñar karate-do en Japón.

A su regreso a Okinawa los demás practicantes, al ver a su maestro tan impecablemente vestido adoptaron sin pensárselo la vestimenta y el sistema de graduaciones o “danes”.

Había nacido la tradición del karate-gi.